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¿Un nuevo Roswell?

 



El jueves 17 de agosto de 1995, a las 13:45 horas, miles de personas en 300 km. a la redonda vieron una bola de fuego desplazándose por los cielos de la provincia. El objeto volador, que algunos describieron como "plateado, muy grande, con forma de tubo largo", se desintegró antes de tocar el suelo, y sus restos, esparcidos por distintos lugares, arrasaron la vegetación y dejaron profundos surcos en las laderas de las montañas. Antes de desaparecer se escucharon dos violentas explosiones.

El impacto fue tan fuerte que en Joaquín González, una ciudad situada a 145 km. de la capital salteña, se registró un temblor relativamente intenso. Un vecino de esta población logró fotografiar el instante en que el objeto caía del cielo, mostrando una estela de humo irregular y vertical. En las imágenes se aprecia un artefacto oscuro. Otros pudieron grabarlo en vídeo. Casi simultáneamente al momento de la explosión, en Rosario de Lerma, situada a 300 km. del lugar de los hechos, un grupo de rescate se preparaba para averiguar lo ocurrido.

En un primer momento, los integrantes del equipo pensaron que se trataba de un avión estrellado sobre el cerro Crestón, de 3.370 metros de altura. Allí encontraron hierbas y piedras quemadas. Con unos prismáticos vieron un objeto metálico que brillaba bajo los rayos del sol. Pero un comunicado por radio avisó al grupo para que interrumpiera la búsqueda y regresara a Rosario de Lerma, informó la revista Gente, a través de su enviada especial Martha Wierzbicki Posse.

La periodista también afirmó que, después del impacto, varias camionetas todo terreno, conducidas por personas que hablaban en inglés, llegaron a la zona. Según el testimonio de los lugareños, los integrantes de aquel grupo fueron los únicos que pudieron transitar libremente y acceder hasta el lugar donde cayeron fragmentos del objeto volador. Con ellos iban personas de la Universidad de Salta y del Centro Atómico regional.

Un empleado de la universidad, que pidió a Wierzbicki no ser identificado, dijo que los técnicos se habían llevado "grandes pedazos de material metálico, de poco grosor, similar a un papel de aluminio, pero muy consistente. Cuando la prensa local comenzó a hablar del tema se nos ordenó decir que era un meteorito y que mostráramos un pedazo de roca". El informante no rechazaba la posibilidad de que el objeto fuera un resto de satélite, pero descartaba totalmente la hipótesis del meteorito.

No deja de ser curiosa la aparente similitud entre dichos restos y los que aparecieron tras el incidente de Roswell (EE UU). "No estoy hablando de marcianos o de platillos volantes, pero no sabemos qué era aquello, aunque fuimos varios los que vimos el objeto y oímos la explosión", declaró Antonio Galvagno, un piloto experto en fumigaciones.

Antonio sobrevoló durante varios días el lugar del impacto y aterrizó en seis fincas para recoger testimonios. En una hondonada observó una franja de vegetación quemada, "como si algo hubiera derramado una línea con combustible al que se hubiera prendido fuego". Al día siguiente volvió a sobrevolar la zona, pero su avión sufrió una avería, los controles no le respondieron y tuvo que realizar un aterrizaje forzoso.

Relatos de los indígenas

La región del valle y las montañas Calchaquíes es, después del Tíbet, la más alta del planeta. Allí, en la localidad de Los Molinos, conocí a Santo Agostín Sandoval, un indígena de 30 años que recordaba las historias de su pueblo. "Nuestros antepasados sabían por las profecías que los españoles iban a llegar. Hicieron un caserío a 50 km. de aquí, en Tacuí. Es como un fuerte con pircas (muros) de hasta tres metros de ancho y tenía una trampa: un puente que al pisarlo caía al vacío. De allí surge una luz a la que llamamos el Farolito.

Mis abuelos y mis tatarabuelos la han visto", me contaba Agostín. El indígena me tenía reservada otra sorpresa, un relato revelador: "Hace muchos años, en 1992, vi tres platos que volaban sobre Ovejería. Yo estaba a unos 3.600 metros, cerca de Cafayate, en un lugar muy seco. Otros lugareños también los vieron. Tenían forma de disco, con un redondel en el medio. Uno, el más brillante, era blanco; la gente decía que el otro era como la luna, pero rojo. En pocos minutos alumbró todo. El tercero era amarillo y volaba más lejos".