El diablo, tal como lo entendemos normalmente, no es lo que creemos. Una vez más, las raíces etimológicas nos informan sobre el sentido exacto del término y nos revelan que la interpretación que le damos y las representaciones que hacemos son falsas.

LOS ORÍGENES DEL diablo

El término griego diábolos, de donde sale nuestro diablo, significa literalmente “el que tira de un lado y de otro, que desune, separa, siembra la discordia”. Es la palabra que los traductores griegos de la Biblia emplearon para traducir del hebreo el término Satán, el acusador.

En efecto, uno de los papeles del Mal, en la tradición judaica, es el de acusar a los justos ante el Tribunal de Dios. Para los griegos, un diábolos era un acusador, un calumniador, resumiendo, un personaje que no caía muy bien. En el s. X, el latín tardío diabolus ya había derivado hacia “diablo” en romance castellano con el sentido de demonio. En el siglo Y1ii ya había arraigado una “ciencia” de carácter diabólico para la preparación de las pócimas, brebajes mágicos y remedios. Era una de las tantas ramas de la magia. A partir de ahí, podemos decir que hemos pasado de la noción antigua de acusador público – función ejercida hoy en día por un fiscal en un tribunal de justicia- a la noción medieval, más moderna, de demonio. Sin embargo, es la idea de demonio la que se nos ha grabado en la memoria y a la que nos referimos hoy en día, sin saber muy bien lo que quiere decir “demonio” excepto que, para nosotros, es una representación o encarnación del Mal.


EL DEMONIO

Sin embargo, el demonio en sí mismo, no tiene nada de malo, negativo o maléfico, al menos si creemos en su sentido original. En efecto, hasta principios del siglo XIV el daemon o demonio no había sido identificado con ese espíritu infernal, de ángel malo, ángel caído o diablo. Antes de eso, el daimôn griego era un poder divino y benéfico que distribuía y repartía. Reencontramos aquí el sentido de “tirar de uno y otro lado” evocado anteriormente. El daimôn era la divinidad o el espíritu protector ligado a cada hombre o a cada elemento de la Naturaleza. Dicho de otra manera, tenía los mismos atributos y funciones que los famosos espíritus de la naturaleza, en los que Dionisio el Aeropagita se inspiró para crear la jerarquía celeste de los ángeles.

Ahora bien, el hecho de repartir y tirar de uno y otro lado se refiere a un principio esencial revelado por el daimôn, el destino, feliz o desgraciado. El daimôn era, pues, el distribuidor del destino, pero a la vez el espíritu protector, el espíritu bueno, el ángel bueno, lo que llamamos hoy la buena conciencia. El que seguía su daimôn, comprendía y seguía la voz de su conciencia. Se trataba de un hombre justo y bueno. Las intuiciones, las inspiraciones venían de él, así como el talento y los dones innatos.

¿Cómo puede ser que este elemento tan beneficioso para el ser humano haya podido tomar una acepción tan negativa, siniestra, maléfica, convirtiéndose en la única acepción de diablo? Paradójicamente, la explicación se encuentra en el término griego de origen indoeuropeo, daiesthaí, que significa compartir, dividir. De ahí deriva el término griego demos, el pueblo o la población. También encontramos esta raíz en “demagogia” y “democracia”, al cual que en “epidemia” y “demiurgo”. Epidemia, en griego, significa tanto la integración de una persona en el pueblo, como una enfermedad que contagia al pueblo. Pero, sobre todo, vemos ahí un paralelismo entre el demagogo y el demiurgo, es decir, el que halaga a la plebe con sus palabras y el que se hace pasar por creador universal. La historia nos ha enseñado que aquellos que han sido destinados para dirigir al pueblo (que es la primera acepción de demagogo) no han actuado siempre a favor de éste. A partir de ahí, era lógico deducir que el daimôn que dirigía el destino de la humanidad, y que supuestamente tenía que jugar un papel protector o beneficioso, podía traicionar su propia naturaleza original y ejercer a veces una influencia maléfica. Es así como, poco a poco, el demonio ha tomado la apariencia de las fuerzas más esencialmente maléficas y destructivas, ya que los dramas, persecuciones, guerras y violencia generados por seres de fuerte personalidad, con una excesiva sed de poder y afán de división (para reinar a su gusto) y con una ambición desmedida, están grabados en la memoria colectiva.

Y actualmente ¿no sucede lo mismo todavía? Así es, pero estamos lejos de la imaginería medieval de los aquelarres de brujas o misas negras, durante las que se rendía culto al Día del Mal, por oposición a Dios, espíritu del Bien. Debemos saber que la idea que tenemos de estas prácticas está totalmente sobre valorada: la mayoría eran ritos paganos basados en creencias anteriores al cristianismo y gran parte de ellos se basaba en los poderes que se adjudicaban a los dioses, las divinidades, los espíritus protectores presentes en la Naturaleza. Así, una vez más, el carácter diabólico, en el sentido peyorativo del término, que se daba a estas creencias, cultos y ritos, ha desviado a estas prácticas de su significado original y profundo. En sí mismas no tenían nada de maléficas, pero por su propio talante pagano y popular perturbaban el orden establecido de aquellas épocas de desconcierto. Es así colmo los demagogos, “[os que dirigen el pueblo”, en el sentido etimológico y literal del término, han inventado al diablo y a los demonios. Hubo un tiempo en que todo lo que era susceptible de perturbar el orden establecido se atribuía sistemáticamente al Mal, a los demonios, al diablo. Desde esta época, diablo y demonio tienen muy mala reputación y se representan con imágenes que no tienen nada que ver con lo que fueron.

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3 Comentarios

  1. Excelente artículo

    #1 rockernaxo
  2. ¡¡Muy Bueno!!
    En pocas palabras resume un gran contenido pletórico de significados…¡¡¡Felicitaciones!!!
    Saludos desde San Juan, Argentina

    #2 Ana
  3. esos buenos demonios paganos que tu mencionas, antes del cristianismo pedían matar a niños e inocentes. Pedían la tortura y hacían apartar a los hombres de la justicia y la verdad. Si, los demonios existían antes del cristianismo. El mismo Jesús fué acusado de estar endemoniado y aún cuando muchas personas le ofrecían culto en espera de obtener sus favores, estos solo responden con un beneficio quizas pasajero o con la destrucción, pero siempre con la confusión propia de espíritus errados.
    Nada ha cambiado todavía, hoiy se sigue adorando al mal. Siguen los aquelarres, las ceremonias al mal. la brujería , astrología y adivinación demoníaca aunque se diga ahora que los demonios son buenos. Si , son buenos para nada, y saben hospedar donde la necesad e ignorancia gobiernan.
    La sabiduria esta en el conocimiento de DIOS y la inteligencia en obedecerle.
    El diablo y sus demonios se oponen en todo a DIOS.
    Aun así se deben postrar ante EL .
    Los justos recibirán justicia y los inicuos que estan del lado de los demonios destrucción.

    #3 comentario1
  4. Los mitos ritos y leyendas, son los que ha ocasionado una serie de disturbio literario, el diablo como cosa mistica no existe, no existira ni existio jamas, diablo es un vocablo comun que signiifca “Contrario a un determinado intereses” que puede ser personal, comunal, regional, nacional o mundial. por ejemplo lo bueno y lo malo son do componetes importantes en los casos fisicos ejemplo La luz Electrica, necesita de un componente positivo (bueno) y componente negativo( contrario) y cuando se junta estos componetes aparece la energia electrica, con dos polos, lo demas mitos y ritos son estipudeses de la religion fracasada.

    #4 Paulino

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