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Los mitos del Paraíso, del androgino primigenio, del primer hombre y de la primera mujer son universales. Sin embargo, el mito del pecado original es el único en su género.
Intentaremos aquí comprender el significado de ciertos mitos de la Biblia, fuera de todo sentimiento o creencia religiosa. No se trata de saber si debemos o no debemos creer en tal o cual mito bíblico, sino de aportar un punto de vista distinto a partir de de los descubrimientos científicos de los arqueólogos e historiadores contemporáneos. Tendremos en cuenta también los relatos o leyendas relacionados con este mito que, tratándose de la Biblia, son informaciones complejas reveladas gracias al código secreto de la cabala y que son el resultado tanto de la matemática, como de la lógica, la inspiración y la especulación. Sin embargo, lo que debe retener nuestra atención es que los grandes mitos bíblicos están constituidos a menudo por varios símbolos, que juntos forman un mensaje. Este mensaje, sin duda, es muy rico en enseñanzas, ya que nos ha llegado a través de hombres y mujeres los cuales han vivido experiencias tan esenciales para ellos que han tenido la necesidad de transmitírnoslo. En efecto, los relatos de estos mitos se escribieron en un tiempo en que la práctica de la escritura, todavía inmadura, no estaba al alcance de todos, ni mucho menos. Así, en su mayoría, estos relatos son anónimos, ya que el tiempo nos ha hecho perder la pista de sus autores y, también, debido al carácter sagrado y tabú de la escritura. Casi siempre, si lo tomamos al pie de la letra, muchos de estos relatos bíblicos parecen sin sentido y plagados de inverosimilitudes. En cambio, si los leemos bajo un ángulo poético, mítico o religioso, según nuestras convicciones o creencias, cobran un sentido muy importante.En relación al mito de Adán y Eva, nos contentaremos con revelar algunos de los símbolos recurrentes y universales que aparecen: el Paraíso, el primer hombre, la primera mujer y el pecado.
EL PARAÍSO
Para los hombres de la antigüedad, el Paraíso era la más bella representación del Más Allá, cuya figura simbólica habitual es un jardín maravilloso. Este jardín, situado en el centro del cosmos, era el fin último del hombre. Sin embargo, en los relatos de la Biblia, aparece en el principio de los tiempos. Asimilamos, pues, este mito con el de una Edad de Oro original, de la cual salio y a la que un día volverá.Este jardín de las delicias, el Edén, este paraíso perdido, cuya puerta debemos encontrar, puede compararse con los símbolos del laberinto y el mandala tibetanos. Pero en atención a como fue relatado por los primeros redactores de la Biblia, hay que señalar que se inspira en un texto anterior, escrito por los sumerios y luego retomado por los semitas de Babilonia, donde se hace alusión al <
ADÁN Y EVA
Forman la pareja primigenia, la cual nos parece indisociable. Debemos saber que, históricamente, su unión, entendida como una infracción sexual, apareció por primera vez en los textos del teólogo hebreo Filón de Alejandría, al principio de nuestra era. De todos modos, debido a los numerosos textos de la Biblia, escritos en diferentes épocas y no de una sola vez, disponemos de dos versiones del mito Adán y Eva. El primero es llamado yahvista, porque en él Dios es Yahvé; el segundo, posterior, se llama elohísta, pues Dios aparece con el nombre de Elohim.En esta segunda versión, Adán y Eva están representados como las dos mitades de un ser andrógino que fue dividido en dos.Esta es la versión adoptada por los cabalistas, que llaman al primer hombre Adâm, que viene de adamah, la tierra de Adán, hombre y mujer a la vez. Volvemos a encontrar aquí el mito del Paraíso perdido, en el sentido que, siempre según los cabalistas, este hombre original es también el hombre en el cual debemos convertirnos.
EL PECADO
Aunque no sacaron las conclusiones científicas que existen actualmente, los médicos de Mesopotamia sabían que ciertas enfermedades se podían transmitir simplemente por contacto. Prodigaban curas, preparaban remedios y practicaban normalmente exorcismos. Consideraban que el portador de una enfermedad, además de ser contagioso, padecía un maleficio, del que era en cierta forma responsable. Tenia que haber cometido un delito, una trasgresión de las reglas y leyes en uso en esa civilización, del que era culpable. Se trataba pues, no solo de curarle, sino de liberarle de esta falta, aún más cuando podía haberla cometido sin saberlo o a pesar suyo.Fue en ese contexto donde se escribieron los primeros relatos de la Biblia. De todos modos, en la mitología hebrea del Antiguo Testamento, esta noción de trasgresión, según la cual el culpable no es siempre consciente, se trasforma totalmente. El mal se considera inevitable. Quien no transgreda no conocerá el mal, la enfermedad o el sufrimiento. Desgraciadamente no es tan simple, ya que hombres y mujeres de corazón e intenciones puras sufrían sin razón ni causas aparentes. Para explicar los tormentos y sufrimientos de las victimas inocentes tenia que haber, pues, una causa primera, un pecado original: el que cometió Eva según el relato yahavista; o el cometido por el Adán andrógino, según el relato elohísta y los cabalistas que lo siguen. Así fue como nació el mito del pecado original.


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